Síncope: tipos, causas y qué hacer ante una pérdida de consciencia
Autor:
Laura Sabina
Fecha:
Abril 2026
Tiempo de lectura:
9 minutos
Categoría:

Síncope: qué es, tipos, causas y cómo actuar

Perder la consciencia de repente, sin aviso o casi sin él, es una de las experiencias más desconcertantes que puede vivir una persona. Y también una de las que más preocupa a quienes la presencian. El síncope es más frecuente de lo que parece, afecta a casi el 40% de la población en algún momento de su vida, y sin embargo sigue generando mucha confusión sobre qué es exactamente, cuándo es grave y qué hay que hacer.

Síncope
Síncope

¿Qué es el síncope?

El síncope es una pérdida transitoria de consciencia causada por una reducción brusca del flujo sanguíneo al cerebro, lo que se conoce como hipoperfusión cerebral transitoria. El cerebro deja de recibir suficiente oxígeno durante unos segundos y se "desconecta" momentáneamente.

Lo que lo define y lo diferencia de otras pérdidas de consciencia es su carácter transitorio y autolimitado: dura poco, la recuperación es rápida y completa, y no deja secuelas neurológicas. La persona cae, pierde el conocimiento brevemente y vuelve en sí sola, sin necesidad de intervención médica en la mayoría de los casos.

Esto lo distingue, por ejemplo, de una crisis epiléptica (que tiene un mecanismo completamente distinto y una recuperación diferente) o de un ictus (que sí puede dejar secuelas y cuya causa no es una hipoperfusión transitoria sino un daño vascular permanente).

Diferencia entre síncope y lipotimia

Es una de las preguntas más frecuentes, y la confusión es comprensible porque ambos términos se usan como sinónimos.

La distinción más útil es esta: el síncope es el término médico que engloba todas las pérdidas de consciencia transitorias por hipoperfusión cerebral (disminución del flujo sanguíneo al cerebro), independientemente de su causa. La lipotimia, en cambio, se usa habitualmente para referirse a los desmayos de causa benigna, los vasovagales, los ortostáticos, los provocados por calor o deshidratación, que van precedidos de síntomas de aviso y tienen una recuperación rápida y sin complicaciones.

Una lipotimia es siempre un tipo de síncope, pero no todo síncope es una lipotimia benigna. Un síncope de causa cardíaca, por ejemplo, puede ocurrir sin ningún aviso previo y esconder una arritmia grave. Esa diferencia, como veremos, es clínicamente muy importante.

Tipos de síncope

Entender los tipos de síncope es clave porque el pronóstico y como se trata, son muy distintos según la causa.

Síncope vasovagal (el más frecuente)

Es el tipo más común, responsable de más de la mitad de todos los síncopes. Ocurre cuando el nervio vago (nervio principal del sistema que controla la digestión, la frecuencia cardíaca y otras funciones vitales) se activa de forma exagerada ante ciertos desencadenantes, como el dolor, miedo, visión de sangre, estar mucho tiempo de pie, calor, estrés emocional intenso… provocando una bajada de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial.

Suele ir precedido de señales claras: mareo, náuseas, sudoración, visión borrosa, palidez. La recuperación es rápida y completa. Es el "desmayo de toda la vida", benigno en la gran mayoría de los casos aunque puede ser muy recurrente y limitante para quien lo sufre.

Síncope ortostático

Ocurre al pasar de estar sentado o tumbado a estar de pie. En ese cambio de postura, la sangre tiende a acumularse en las piernas y si el cuerpo no compensa con suficiente rapidez , subiendo la frecuencia cardíaca y contrayendo los vasos, el cerebro se queda sin flujo unos segundos.

Es especialmente frecuente en personas mayores, en quienes toman medicamentos que bajan la tensión y en situaciones de deshidratación. Al igual que el vasovagal, su pronóstico suele ser benigno, aunque en personas mayores el riesgo de caída es una preocupación real.

Síncope cardíaco

Es el tipo que más preocupa y el que requiere una evaluación más urgente. Ocurre cuando el corazón, por alguna razón, deja de bombear sangre con suficiente eficacia durante unos segundos: una arritmia (el corazón va demasiado rápido, demasiado lento o de forma irregular), una obstrucción al flujo de salida (como una estenosis aórtica severa) u otras cardiopatías estructurales.

Lo que lo hace diferente es que puede ocurrir sin ningún síntoma previo, incluso durante el esfuerzo físico, y en personas jóvenes sin antecedentes. Por eso cualquier síncope que ocurra durante el ejercicio, sin pródromos, o en una persona con antecedentes cardíacos debe evaluarse de forma urgente.

Síncope por hipersensibilidad del seno carotídeo

Es menos frecuente pero vale la pena mencionarlo. El seno carotídeo es una zona del cuello sensible a la presión y en algunas personas, especialmente mayores, una presión sobre esa zona (al girar el cuello, al abrocharse el cuello de la camisa, al afeitarse) puede desencadenar una bajada brusca de la frecuencia cardíaca y provocar un síncope.

Causas del síncope

Más allá de los tipos, las causas concretas que pueden desencadenar un síncope son variadas:

  • Estar mucho tiempo de pie en un ambiente caluroso o concurrido
  • Levantarse bruscamente tras estar sentado o tumbado
  • Dolor intenso o impresión fuerte
  • Deshidratación o ayuno prolongado
  • Hiperventilación (respirar muy rápido y superficial)
  • Esfuerzo físico intenso, especialmente en personas con cardiopatía no diagnosticada
  • Medicamentos que bajan la tensión o alteran el ritmo cardíaco
  • Arritmias cardíacas
  • Enfermedades neurológicas o metabólicas en casos menos frecuentes

Síntomas del síncope: cómo reconocerlo

En los síncopes con señales (que son la mayoría) la secuencia suele ser reconocible:

  1. Fase previa: mareo, visión borrosa o en túnel, zumbido en los oídos, náuseas, sudoración fría, palidez, sensación de debilidad en las piernas y de que "todo se va". Esta fase puede durar segundos o hasta un minuto.
  2. Pérdida de consciencia: caída al suelo (o si la persona está sentada, desplome hacia delante), pérdida del tono muscular, ojos en blanco. Puede haber algún movimiento involuntario breve que no debe confundirse con una convulsión epiléptica.
  3. Recuperación: rápida, generalmente en menos de un minuto. La persona vuelve en sí, puede estar algo confusa o cansada durante unos minutos, pero se recupera completamente. No hay amnesia prolongada ni déficits neurológicos.

Cuando el síncope ocurre sin señales iniciales, de forma completamente súbita, es la señal de alerta más importante: puede indicar una causa cardíaca que requiere evaluación urgente.

¿Cómo actuar ante un síncope?

Si ves que alguien está a punto de desmayarse

Ayúdalo a sentarse o tumbarse inmediatamente, antes de que caiga. Si puede tumbarse, eleva sus piernas por encima del nivel del corazón. Esto facilita el retorno de sangre al cerebro y en muchos casos evita la pérdida de consciencia completa.

Si ya ha perdido la consciencia

Comprueba que respira con normalidad. Túmbalo boca arriba y eleva las piernas. Afloja cualquier ropa ajustada alrededor del cuello o el pecho. No intentes incorporarlo hasta que esté completamente recuperado y orientado.

No le des nada de beber ni de comer hasta que esté totalmente consciente y pueda tragar con seguridad.

Llama al 112 si

  • La pérdida de consciencia dura más de un minuto
  • La persona no se recupera completamente o está confusa durante más de unos minutos
  • Ha ocurrido durante el esfuerzo físico
  • Hay dolor en el pecho, palpitaciones o dificultad para respirar antes o después
  • La persona tiene antecedentes cardíacos conocidos
  • Se ha golpeado la cabeza en la caída
  • Es la primera vez que ocurre y no hay una causa clara y benigna evidente

Después del episodio

La persona no debería conducir ni quedarse sola en las horas siguientes. Si es el primer síncope o se repite con frecuencia, debe consultarse con el médico aunque la recuperación haya sido completa. En muchos casos no hay nada grave detrás, pero descartarlo es importante.

¿Cuándo es urgente consultar al médico?

Un síncope aislado en una persona joven y sana, con señales claras y causa identificable (calor, ayuno, impresión), raramente esconde algo serio. Pero hay situaciones en las que la evaluación médica no puede esperar:

  • Síncope durante el ejercicio físico
  • Síncope sin ningún síntoma previo
  • Síncope en una persona con cardiopatía conocida o familiar de muerte súbita
  • Síncopes repetidos sin causa clara
  • Síncope acompañado de dolor torácico, palpitaciones o disnea
  • Síncope en personas mayores con caída y posible traumatismo

En estos casos, el médico puede hacerte pruebas del corazón, como un electrocardiograma o un seguimiento durante más tiempo, para comprobar que todo está bien y descartar que haya un problema cardíaco.

Síncope recurrente: cuando el problema es crónico

Hay personas que sufren síncopes de repetición, especialmente vasovagales u ortostáticos, que aunque sean benignos acaban condicionando mucho su calidad de vida: miedo a salir solas, a conducir, a hacer ejercicio, a estar en ciertos ambientes. Esa limitación es real y merece atención.

En estos casos, además del tratamiento médico cuando corresponda, hay intervenciones no farmacológicas con buena evidencia: el entrenamiento de maniobras de contrapresión (tensionar los músculos de piernas y abdomen al notar los pródromos para frenar la bajada de tensión), el reentrenamiento postural progresivo y el ejercicio físico regular orientado a mejorar el tono vascular y la regulación autonómica.

Fisioterapia y síncope: cuándo y cómo ayuda

El papel de la fisioterapia en el síncope no es el primero que se nos viene a la cabeza, pero tiene más sentido del que parece.

En el síncope vasovagal y ortostático recurrente, el trabajo de fortalecimiento muscular en las extremidades inferiores mejora el retorno venoso y ayuda al sistema cardiovascular a responder mejor ante los cambios posturales. El entrenamiento de las maniobras de contrapresión, que el paciente aprende a ejecutar en cuanto nota los primeros síntomas, puede reducir de forma significativa la frecuencia de los episodios.

En personas mayores con síncope ortostático, el trabajo de equilibrio y propiocepción es además fundamental para reducir el riesgo de caída, que es muchas veces la consecuencia más seria del episodio.

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