Pubalgia o osteopatía de pubis: causas, síntomas y tratamiento
Autor:
Laura Sabina
Fecha:
Julio 2024
Tiempo de lectura:
7 minutos
Categoría:
Fisioterapia deportiva
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Pubalgia o osteopatía de pubis: causas, síntomas y tratamiento

Si llevas semanas o meses con una molestia en la ingle que no acaba de tener nombre, es posible que ya hayas oído la palabra "pubalgia" más de una vez, y que aun así nadie te haya explicado bien qué es. No es casualidad: es una de las lesiones deportivas que más tarda en diagnosticarse, precisamente porque el dolor de ingle puede venir de varios sitios distintos, y encontrar cuál es el tuyo lleva tiempo. En consulta lo vemos con frecuencia: gente que ha pasado por dos o tres profesionales antes de llegar a un plan que de verdad funcione.

Pubalgia
Pubalgia

Vamos con lo importante primero: la pubalgia se cura. No es una condena crónica ni algo con lo que tengas que aprender a vivir. Con el enfoque adecuado, la inmensa mayoría de los casos se resuelve del todo.

La pubalgia, u osteopatía dinámica de pubis (también llamada osteítis del pubis, o pubalgia del deportista), es una lesión por sobrecarga que afecta la sínfisis del pubis y los tejidos que la rodean (el punto donde se unen los dos huesos de la pelvis, en la parte frontal del cuerpo). Es especialmente frecuente en deportes con cambios de ritmo, giros y golpeos: en el fútbol profesional, las lesiones de cadera e ingle.

Su distribución es mucho más frecuente en hombres, y aparece sobre todo en deportistas jóvenes y adultos jóvenes. No es una lesión típica de edad avanzada, aunque a veces se confunde con la artrosis de la sínfisis púbica, que sí lo es. También existe en mujeres, aunque con menos frecuencia y con más peso, en su caso, de otros orígenes como la disfunción de la sínfisis púbica asociada al embarazo, que es otro cuadro distinto y no lo que trataremos en este artículo.

No hay una pubalgia, hay tres (y por eso a veces es difícil de curar a la primera)

Esto es clave para entender por qué el tratamiento genérico a veces no funciona. Según qué musculatura esté implicada, se distinguen tres formas:

  • Pubalgia alta: afecta a la musculatura abdominal, en su inserción sobre el pubis.
  • Pubalgia baja: afecta a la musculatura aductora, en su inserción por debajo.
  • Pubalgia media (la más frecuente): afecta a ambos grupos a la vez, con el desequilibrio entre ellos como parte central del problema.
Zonas de irritación en la pubalgia
Zonas de irritación en la pubalgia. Fuente propia

 

Un grupo de 24 expertos internacionales llegó además a un consenso más amplio, clasificando el dolor de ingle en deportistas en cuatro categorías según la estructura implicada: aductores, psoas, canal inguinal o pubis, precisamente para poner orden en un área donde, durante años, cualquier dolor inguinal se llamaba "pubalgia" sin más.

¿Por qué te lo contamos con este nivel de detalle? Porque dos personas con "pubalgia" pueden tener el dolor originándose en sitios distintos, y necesitar tratamientos distintos. Es la razón por la que insistimos tanto en la valoración inicial antes de lanzarnos a un plan de ejercicios genérico.

¿Es lo mismo que una hernia inguinal?

Es una de las confusiones más frecuentes, y con razón ya que los síntomas se solapan bastante. La pubalgia es un problema de sobrecarga en tendones, músculos o en el propio hueso del pubis; una hernia inguinal, en cambio, es la salida de una porción de tejido a través de un punto débil de la pared abdominal.

Hay pistas que ayudan a diferenciarlas. Una hernia suele notarse como un bulto que se puede palpar, y que a menudo se hace más evidente al toser, estornudar o hacer fuerza abdominal. La pubalgia no produce bulto, y el dolor se relaciona más con el movimiento y la carga deportiva que con la presión abdominal.

Dicho esto, a veces conviven las dos cosas a la vez (es lo que en el mundo del deporte se conoce como "hernia del deportista" o "sports hernia"), un cuadro mixto de debilidad de la pared abdominal baja sin llegar a ser una hernia franca. Ante la duda, una ecografía o resonancia son las pruebas que confirman qué está pasando realmente, así que si notas un bulto o dudas de qué tienes, esa es la vía, no adivinarlo por internet.

¿Y es lo mismo que una lesión del aductor?

No, no es lo mismo. La pista más útil es cómo empezó. Una lesión aguda del aductor suele tener un momento concreto: un sprint, un chute, un cambio de dirección brusco, y ahí mismo notas un "tirón" o un pinchazo agudo, a veces con hinchazón o moratón en los días siguientes. La pubalgia, en cambio, casi nunca tiene ese momento: el dolor va apareciendo poco a poco, semana a semana, sin que puedas señalar "ese fue el instante cuando pasó".

La localización también ayuda a diferenciarlas. Una lesión de aductor duele en el vientre muscular o en la unión con el tendón, en la cara interna del muslo, algo por debajo y hacia fuera del pubis. La pubalgia se siente más centrada en el propio hueso del pubis, y con frecuencia a ambos lados a la vez.

Y el tiempo de recuperación cambia bastante entre una y otra. Un tirón de aductor de grado leve o moderado suele mejorar en 1 a 3 semanas, porque es la lesión de un tejido concreto y localizado. La pubalgia, al ser un problema de sobrecarga acumulada y desequilibrio entre varios grupos musculares, necesita de varias semanas a unos meses.

Comparativa entre hernia inguinal-lesion aductor-pubalgia
Comparativa entre hernia inguinal, lesión del aductor y pubalgia. Fuente propia

 

Por qué aparece la pubalgia

La pubalgia casi nunca es una causa aislada, sino que suele ser la combinación de varias causas como la sobrecarga repetida en la zona del pubis por movimientos bruscos, cambios de dirección o saltos. Pero detrás casi siempre hay un desequilibrio de fuerzas entre cuatro grupos musculares que tiran de la pelvis desde direcciones distintas: los aductores y el abdomen por delante, los isquiotibiales y la musculatura lumbar por detrás.

También influyen alteraciones biomecánicas más finas como una rotación asimétrica de la pelvis (es decir, una diferencia de longitud entre las piernas) y un factor que pesa más que cualquier otro: haber tenido antes una lesión de ingle multiplica por más de siete el riesgo de sufrir otra. No es para asustarte. Es, precisamente, el motivo por el que merece la pena hacer bien la recuperación la primera vez, en vez de volver a la actividad en cuanto deja de doler.

Cómo se manifiesta el dolor de ingle

El síntoma principal es dolor en la zona púbica que empeora con la actividad y mejora con el reposo prolongado. La sintomatología típica es notar un dolor agudo y punzante en algunos casos, sordo y difuso en otros. Es habitual que se irradie hacia la ingle, el abdomen bajo, las caderas o la parte interna del muslo.

También suele aparecer rigidez en la pelvis, sobre todo por las mañanas o después de estar mucho rato sentado, que va cediendo a medida que el cuerpo entra en calor. Si te reconoces en esto y llevas tiempo dándole vueltas sin saber muy bien qué te pasa, no eres el único.

¿Es inflamación, entonces? En parte, sobre todo al principio. Pero en los casos que ya llevan tiempo evolucionando, el proceso se parece más al de una tendinopatía que al de una inflamación clásica: el tejido no cicatriza bien con el uso repetido, más que estar simplemente "hinchado". Es una distinción que importa en la práctica, porque explica por qué el reposo total y los antiinflamatorios por sí solos rara vez resuelven un caso que ya lleva semanas, sino que hace falta cargar el tejido de forma progresiva y controlada para que se repare bien, no solo esperar a que "baje la inflamación".

Cuánto tarda en curarse (la pregunta que más nos hacen)

La respuesta es que depende, sobre todo, de una cosa: cuánto tiempo llevabas con dolor antes de empezar a tratarla bien.

  • Casos leves, tratados desde el principio: entre 4 y 6 semanas para volver a la actividad con normalidad.
  • Casos más instalados o crónicos: entre 2 y 4 meses, a veces algo más, porque el patrón de movimiento y la musculatura implicada necesitan más tiempo para reeducarse.
  • Casos que ya han recaído: aquí el objetivo cambia de "cuánto tardo" a "qué mantengo para siempre" porque si ya has recaído, es que algo del plan anterior no terminó de resolver la causa.

Lo que más alarga la recuperación no es la gravedad inicial, es el retraso en empezar el tratamiento correcto. De ahí que insistamos tanto en no esperar.

Cómo puede afectar a tu día a día

Si eres deportista

En la fase aguda, mejor evitar el impacto y los cambios de dirección. La carrera continua suave, o bici con el sillín algo alto para reducir la flexión de cadera, suelen tolerarse mejor que sprints, fútbol o pádel. A medida que el dolor baja, se reintroduce la carrera de forma progresiva, y el criterio para volver a entrenar con normalidad no es "ya no duele en reposo", sino aguantar sin dolor los gestos específicos de tu deporte a la intensidad que necesitas, no antes.

Si tienes problemas para dormir

La postura que casi siempre ayuda es de lado, con una almohada entre las rodillas ya que evita que la pierna de arriba tire hacia dentro y cargue la zona de los aductores toda la noche. Dormir boca abajo suele ser el que peor sienta, porque estira la cadera hacia atrás y tensiona la zona.

Cuál es el tratamiento de la pubalgia

El manejo suele ser multidisciplinar, y la fisioterapia es la pieza central de la recuperación.

Al principio, bajar la carga de la actividad que está irritando la sínfisis ayuda a que la inflamación remita. Esto no significa parar del todo, sino ajustar volumen e intensidad. En esta fase inicial también conviene evitar cualquier gesto que cargue directamente la zona aductora o la sínfisis, lo que incluye la actividad sexual durante los primeros días si el dolor es intenso (una pregunta que nos hacéis más de lo que parece, y con razón).

El masaje y las técnicas de liberación miofascial alivian la tensión de los grupos musculares implicados y mejoran la movilidad de los tejidos afectados. La parte que de verdad marca la diferencia a medio plazo es el trabajo de fuerza y estabilidad: ejercicios específicos para equilibrar aductores, abdomen, isquiotibiales y lumbares, con un papel importante del trabajo excéntrico para reeducar la musculatura. Modalidades como la tecarterapia, la magnetoterapia o la electroterapia pueden acompañar el proceso para reducir el dolor mientras avanza el trabajo activo, pero no sustituyen al ejercicio. Son un apoyo, no el tratamiento en sí.

La cirugía queda como último recurso, cuando el manejo conservador no ha dado resultado tras un tiempo razonable. La mayoría de casos se resuelven sin llegar a esa opción.

Cuándo consultar a un/a fisioterapeuta

Si notas dolor persistente en la zona púbica que no cede con unos días de descanso, dificultad para las actividades del día a día, o el dolor te está limitando claramente el rendimiento deportivo, conviene una valoración cuanto antes. Merece la pena repetirlo: cuanto más tarde el diagnóstico, más se suele alargar la recuperación, y no hace falta que sea así.

En FisioReact llevamos la fisioterapia hasta tu casa, con profesionales especializados en el tratamiento de la pubalgia y la readaptación deportiva. Reserva tu sesión aquí para que valoremos tu caso desde el principio y diseñemos un plan de recuperación pensado para ti, no genérico.

 

 

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