ELA: por qué se pierde fuerza y qué ocurre en los músculos
Autor:
Maria Valiente
Fecha:
Abril 2026
Tiempo de lectura:
8 minutos
Categoría:
ELA

ELA y músculo: por qué se pierde fuerza y qué se puede hacer

Hay una idea que se repite mucho sobre la ELA y que no es del todo exacta: que es una enfermedad que destruye los músculos. La realidad es más precisa: el músculo ha perdido su conexión con el sistema nervioso.

Te lo contamos todo en detalle.

Músculo
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Serie completa

  1. ¿Qué es la ELA y cómo empieza? Primeros síntomas y señales de alerta
  2. ELA y músculo: por qué se pierde fuerza y qué se puede hacer (estás aquí)
  3. Síntomas psicológicos en la ELA: cambios cognitivos, conductuales y emocionales 
  4. ¿Cómo se diagnostica la ELA? Te explicamos el proceso
  5. ¿La ELA es hereditaria? Genética, herencia y lo que significa para tu familia 
  6. Ley ELA y Grado III+: qué ayudas existen y cómo acceder a ellas 
  7. Fisioterapia y ELA: cómo es el tratamiento y qué puedes esperar en cada fase

Qué ocurre realmente: el músculo se desconecta

En condiciones normales, los músculos se contraen porque reciben señales eléctricas desde las neuronas motoras. Son estas neuronas las que ordenan al músculo cuándo moverse, con qué intensidad y durante cuánto tiempo.

En la ELA, lo que ocurre es un proceso llamado denervación: las neuronas motoras se deterioran progresivamente y mueren, y el músculo deja de recibir las señales que necesita para activarse. Es como si se cortara el cable que conecta el interruptor con la bombilla. La bombilla, en sí misma, está intacta. Pero sin corriente, no puede encenderse.

Al principio, el músculo está estructuralmente sano. Pero al no utilizarse, empieza a perder funcionalidad y empieza el proceso de degeneración muscular. Deja de contraerse, pierde masa y, con el tiempo, se atrofia. No porque esté dañado desde el origen, sino porque ha perdido la conexión que lo mantenía activo.

Qué le pasa al músculo sin señal nerviosa: La atrofia muscular

Cuando un músculo deja de contraerse de forma habitual, entra en un proceso progresivo de pérdida de masa.

Esto se traduce en una disminución visible de su tamaño, una pérdida de fuerza y, en fases más avanzadas, en la sustitución del tejido muscular por grasa o tejido conectivo.

Es uno de los signos más visibles de la ELA. Por ejemplo, puede observarse en la pérdida de volumen en las manos (especialmente entre el pulgar y el índice) o en el debilitamiento de músculos de las piernas, como los cuádriceps.

Pero la denervación produce otros efectos que conviene conocer:

1. Fasciculaciones

Son pequeños movimientos involuntarios del músculo, como “saltos” bajo la piel. Aparecen porque las neuronas, antes de deteriorarse por completo, envían señales eléctricas desorganizadas al músculo.

2. Calambres musculares

Son frecuentes y pueden ser dolorosos, especialmente en piernas y pies. Están relacionados con la misma alteración anterior entre la comunicación del músculo y el nervio.

3. Espasticidad o hipotonía

En algunos casos, aunque el músculo esté débil, también puede volverse rígido, esto se conoce como espasticidad:. parece contradictorio, pero esto ocurre porque el cerebro pierde la capacidad de regular correctamente la contracción y relajación muscular.

En otras fases, puede aparecer todo lo contrario: el músculo pierde completamente su tono y se vuelve flácido, conocido como hipotonía.

Qué músculos se ven afectados por la ELA

La ELA afecta principalmente a los músculos voluntarios, es decir, aquellos que controlamos de forma consciente.

Esto incluye los músculos de brazos y piernas, que condicionan el movimiento; los del tronco, que permiten mantener la postura; y los músculos bulbares, como los de la lengua y la garganta, que intervienen en el habla y la deglución.

También se ven afectados los músculos respiratorios, especialmente el diafragma. Este punto es especialmente importante, ya que la afectación respiratoria es uno de los aspectos más relevantes en fases avanzadas de la enfermedad.

Qué músculos NO se ven afectados

Hay algo que suele sorprender a muchas familias cuando lo descubren: la ELA no afecta a todos los músculos del cuerpo.

Los músculos involuntarios, como el corazón o los que forman parte del sistema digestivo, no se ven dañados. Esto se debe a que están controlados por un sistema nervioso diferente (el sistema nervioso autónomo) al que se ve afectado en esta enfermedad (el sistema nervioso motor).

ELA y distrofia muscular: ¿son lo mismo? 

No, y es importante diferenciarlas.

Aunque ambas afectan al músculo, el origen es completamente distinto. En las distrofias musculares, el problema está en el propio músculo, que presenta una alteración estructural.

En la ELA, en cambio, el músculo está inicialmente sano, pero deja de funcionar porque pierde la conexión con el nervio. Dicho de forma sencilla: en la ELA el músculo no se rompe, se desconecta.

Cómo la fisioterapia ayuda frente a la atrofia muscular en la ELA

Cuando la atrofia ocurre porque el músculo deja de activarse, en la fisioterapia tenemos un objetivo claro: mantener esa activación el mayor tiempo posible. Un músculo que no se trabaja se deteriora más rápido. Ese margen importa: se traduce en más autonomía, más tiempo con movilidad funcional y una progresión más lenta hacia la dependencia.

Pero el trabajo no se limita a la fuerza. Actuamos sobre la espasticidad y los calambres, trabajamos la postura y el posicionamiento para prevenir úlceras y contracturas, y sostenemos la función respiratoria antes de que la afectación del diafragma avance.

En FisioReact adaptamos el tratamiento a la fase de cada persona: en fases tempranas preservando la fuerza y la movilidad activa; en fases avanzadas controlando la rigidez, la espasticidad y el confort. Y formamos a los cuidadores en movilizaciones seguras, porque lo que ocurre entre sesiones importa tanto como lo que ocurre durante ellas.

Si quieres saber cómo podemos ayudarte, escríbenos y te explicamos cómo trabajamos.

 

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